Experiencias

Rodolfo Salas: Facilitador y potenciador sobre conocimientos de liderazgo, estrategia, marketing y gestión de los negocios.

Fortalezas: Dirigir, inspirar e integrar a otros con una gran energía, Aceptar cambios de forma positiva, Desarrollar relaciones con otros, Ser más visible y Tener un alto grado de compromiso.

miércoles, noviembre 05, 2014

¿Cómo lidiar con un colega improductivo?

La ineficacia y la falta de productividad de algunos compañeros de trabajo pueden arruinar tu vida laboral. Apáticos o ladrones de tiempo son manzanas podridas en una organización.

Quizá creas que no va contigo, pero por eficaz que tú seas, la presencia de un colega de trabajo improductivo no sólo afecta a tu compañía, sino que lastra tu desempeño y puede arruinar tu carrera profesional.

En tu vida laboral puedes llegar a encontrarte con personas que aparentan estar ocupadas todo el tiempo y que sobreviven una y otra vez a ajustes de plantillas y recortes, aportando lo mínimo a la empresa, con una única habilidad profesional: acabar bajo el paraguas de jefes mediocres. Son expertos en librarse de asumir cualquier tarea concreta en la que se les pueda exigir o medir

No son los únicos. También están los apáticos que jamás persiguen grandes objetivos, enemigos de la agilidad, la flexibilidad, la organización horizontal, o la pasión. Y aquellos que dedican demasiadas horas pero no llegan, ni logran resultados, o que trabajan duramente pero son incapaces de integrarse en la cultura de la compañía.

Sin olvidar a los ladrones de tiempo; a los multitarea aparentemente ocupados pero que apenas aportan valor; o a aquellos que nunca tienen la culpa y se escudan en los demás, incapaces de asumir sus propios errores y temerosos del fracaso, cuya incapacidad obliga al resto de compañeros a cargarse con más trabajo.

Montse Ventosa, presidenta de la consultora española Truthmark, añade que el típico compañero improductivo nunca está cuando se le necesita, pero siempre tiene una buena coartada; es un experto en escurrir el bulto; suele tener un "es que" en la boca; es fan de la crítica y el chismorreo; y nadie sabe muy bien qué hace.

Ventosa cree que en un equipo esto puede tener una consecuencia muy clara –la paradoja del buen vivir–, que se traduce en que el que es altamente productivo acaba sobrecargado, con el riesgo de sufrir estrés o burn-out, mientras que el improductivo termina viviendo muy bien. Nunca está, no se queja tanto, y todo es tan difícil, que el jefe acaba pidiéndole todo al productivo, mientras él vive cómodamente. 

Ventosa explica que "aunque las personas de alto rendimiento estén motivadas y comprometidas, eso no resulta suficiente. Por adaptación, pensarán que es mejor ser ineficaz y terminarán contagiándose de los que menos hacen, lo que se traduce en una merma de talento. Terminarán yéndose de la compañía, bien porque los reclama otra empresa, o porque no aguantan más. Incluso pueden llegar a ser despedidos, convirtiéndose en víctimas de aquellos personajes reductores del crecimiento".

Marcos Urarte, socio director de la consultora española Pharos, resume las tipologías de oficina en motivadores, vegetadores, amargados y saboteadores. Para el experto, las especies tremendamente tóxicas son los dos últimos, especialmente los saboteadores, que continuamente van buscando cómplices en su actitud negativa y hacen proselitismo de la misma.

Urarte cree que "el problema principal no viene de estos últimos, sino de la postura poco beligerante de las personas con actitudes positivas y comprometidas con el proyecto. Lo mismo que nos encontramos con activistas del desapego y de la falta de compromiso, las organizaciones necesitan activistas, que trasladen confianza, ilusión, motivación y compromiso al resto de la organización".

La manzana podrida que pudre al canasto

El experto recuerda que "una manzana podrida pudre al resto", pero advierte de que una persona contaminante no tiene la capacidad de infectar al resto de la organización, a no ser por la inactividad del resto de compañeros: "El problema no son las manzanas podridas, sino los cestos podridos, es decir, aquellas organizaciones que han creado un sistema que permite y facilita los comportamientos tóxicos".

Montse Ventosa añade otro riesgo que puede estar detrás de la baja calidad de liderazgo existente en muchas organizaciones: la paradoja de la promoción del incompetente. Cuando el jefe debe decidir a quién promociona, en vez de ascender al de más talento (el más productivo) se decanta por el menos talentoso, puesto que el productivo es quien le saca las castañas del fuego.

Ventosa explica que "esto no sólo desmotiva al eficaz –supone una falta de reconocimiento por su trabajo–, sino que crea una cultura tóxica que reduce la capacidad de crecimiento de la organización, al demostrar que la recompensa es para quien menos trabaja". Ante esto, los más eficaces, o se suben al carro de la improductividad, olvidando cómo dar lo mejor de ellos mismos, o se van con su alto rendimiento a otra parte, mientras el incompetente disfruta de su promoción y sigue contagiando esta anticultura por toda la organización.